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Lima, jueves 21 de junio del 2018

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Chorrillos y una propuesta armoniosa

Pachacamac era una deidad adorada en diversas regiones del Tahuantinsuyo, pero que cuyo templo principal y oráculo quedaba en la zona costera al norte de la desembocadura del río Lurín. Según los cronistas compartía la labor ordenadora del mundo con Wiracocha; vivía en el subsuelo y era el responsable de los terremotos y productor de alimentos. En algunos mitos se le describe como esposo de Pachamama y deidad del cielo.

El Santuario de Pachacamac es el oráculo más importante del Perú prehispánico. Es considerado como uno de los sitios sagrados más importantes y antiguos de todo el continente Americano, y ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Es un centro histórico de enorme importancia y magnitud a sólo 31 kilómetros de la ciudad de Lima. Tiene una extensión mayor a 492 hectáreas y es un claro testimonio de una extraordinaria cultura.

Como muchas personas nunca entendí por qué, estando tan cerca de Lima, este centro propicio para la meditación nunca había recibido la importancia debida por parte de las autoridades. Por momentos Pachacamac daba la impresión de abandono, de olvido pero también de clamor para contribuir con su magnetismo a las futuras generaciones.

Los delfines son una especie muy particular. En realidad son una comunidad ejemplar que se ha perpetuado por 15 millones de años ya que sus integrantes no se matan entre ellos. Los delfines se alimentan y se asisten solidariamente sin degradar su sistema de vida ni su medio ambiente. No son responsables por alguna contingencia que pueda borrar su apacible existencia.

Bajo ese escenario adquirí, en 1986, un terreno para construir una casa donde deseaba vivir en contacto con los delfines. Al ver mi hermano los planos de la casa y comprender el concepto me hizo reflexionar sobre la posibilidad de compartir y postularla como una experiencia colectiva y no personal. Lo que era un proyecto personal se volvió uno colectivo. De casa pasó a hotel. Por esa época, debido a mi trabajo, compartía mi vida entre Lima y Washington. Allá, en 1988 contraté a un arquitecto y empezamos a hacer realidad el diseño de este concepto.

Al inicio de este trabajo me dijo algo que sería muy significativo después: “ al acabar tu encargo te enseñaré unos planos que diseñé cinco años atrás”. Al entregarme los planos de mi hotel me adjuntó los de su proyecto enigmático. 5 años atrás, en 1983, una universidad, la primera en aceptar estudiantes de color en los Estados Unidos, la primera en promover Co-education, entre otros criterios pioneros de auténtica iniciativa, lo había contratado para que postule una universidad del futuro. Diseñó una universidad para mil estudiantes delfines, es decir, previendo que los estudiantes del futuro emularan a esta especie. El título de su proyecto lo decía todo: “A Utopian Past and a Visionary Future: Oberlin 2133”.

Increíblemente hice mi carrera en Oberlin College, del 1971 a 1974, graduándome en Economía y en ese momento, 1988, yo también proponía que los delfines nos comunicarían como perpetuarnos. Desde dos orígenes distintos habíamos coincidido en un punto de encuentro; él en un campus universitario y yo en un hotel, convergíamos y proponíamos condicionar a un grupo de gente con un aprendizaje.

Podríamos llamar a este encuentro fortuito una mera coincidencia pero creo que no es así. En realidad esta convergencia era en el fondo una alineación. Creo en ello. Las cosas no ocurren en vano. Dos personas vinculadas a Oberlin College, que no habían tenido durante sus vidas ninguna conexión, habían tenido la misma visión de avanzada.

Así nació Hotel Los Delfines, como una propuesta distinta, única y con un sentido ecológico, donde los ambientes de servicios comunes tendrían registro visual con el habitat de los delfines. Buscaba promover la comunicación entre dos especies inteligentes. Mientras los delfines, mamíferos marinos, se había adaptado a su medio, nosotros los humanos persistimos en adaptar todo a nosotros, al punto de desnaturalizarnos y poner en riesgo la supervivencia no sólo de nuestra especie sino de todos los seres vivientes de nuestro planeta.

Hace un año, nuestros delfines Yaku y Wayra, están en un acuario en nuestros terrenos de chorrillos como adelantándose a lo que hoy proponemos para las 200 hectáreas.

Un NUEVO MUNDO VERDE es un concepto social en la que habitarán alrededor de los delfines y una serie de preceptos que regirán la convivencia de esta comunidad.

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